El futuro no está en la telefonía tradicional

DW-World.de: Deutsche Welle

Los operadores europeos no ven posibilidades de crecimiento en la telefonía tradicional.
Los operadores europeos no ven posibilidades de crecimiento en la telefonía tradicional.

Alemania es el primer país europeo en donde han sido compradas las frecuencias que permiten poner en marcha la nueva tecnología de telefonía celular LTE (Long-term Evolution) o 4G (cuarta generación).

¿Recuerda usted el exagerado entusiasmo con que se promovió hace unos años la llegada a Europa de una tecnología de nueva generación para la telefonía celular, prometiendo transmisión de datos con velocidades cercanas a la de las conexiones DSL? La tecnología en cuestión, conocida por las siglas UMTS (Universal Mobile Telecommunications System) o 3G (tercera generación), terminó siendo tan rápida como una tortuga a la hora de navegar en Internet y, hoy día, muy pocos usuarios se percatan del incremento en la velocidad de una versión mejorada de esa misma tecnología, bautizada HSDPA (High-speed Download Packet Acces).

Ahora, la industria de las telecomunicaciones está advirtiéndole al mundo que se apriete el cinturón de seguridad porque la tecnología de comunicación móvil que viene en camino –LTE (Long-term Evolution) o 4G (cuarta generación)– es mucho más ágil que la precedente. La semana pasada, en Alemania, Vodafone, O2, Deutsche Telekom y E-Plus (perteneciente a Royal KPN) compraron algunas de las frecuencias que pueden ser usadas para los nuevos servicios 4G; tras 224 rondas de puja en una reñida subasta, el país se convirtió en el primer mercado europeo en vender el codiciado espectro.

El alma de la industria

Los espectros constituyen el alma de la industria de la telefonía móvil y muchos operadores se esmeraron en hacerse de la banda de 800 megahercios (MHz), una de las bandas vendidas en la subasta aludida. Usada previamente para la televisión análoga, la llamada “banda del dividendo digital” ofrece dos grandes beneficios: una amplia cobertura geográfica y una mayor capacidad de penetración en las construcciones. Las frecuencias bajas permiten que las señales de radio se propaguen con más fuerza y cubran mayores distancias, haciendo innecesaria la inversión en un mayor número de estaciones de base.

El iPhone de Apple ha demostrado que un mecanismo fácil de usar y apto para conectarse a la red puede aumentar la demanda de servicios de Internet móviles.Las bandas de 1,8 gigahercios (GHz), 2 GHz y 2,6 GHz, que también fueron subastadas en la puja alemana, ameritan una mayor inversión de capital para poder garantizar una cobertura como la que ofrece la banda de 800 MHz.

La empresa Deutsche Telekom pagó 1.150 millones de euros por esta última; O2 y Vodafone, 1.200 millones de euros, y aunque no están obligadas a explotar una tecnología determinada para poder usar esa frecuencia, las tres compañías han dejado claro que su meta es sacarle el mayor provecho a la tecnología 4G.

El futuro no está en la telefonía tradicional

Las razones están a la vista: los operadores en Alemania y Europa no ven posibilidades de crecimiento sostenido en una estrategia basada predominantemente en la telefonía tradicional. A sus ojos, el futuro está en la transmisión de datos desde aparatos portátiles con una arquitectura plana basada en el Internet Protocol (IP) y la oferta de servicios como el acceso ininterrumpido y de alta velocidad a la world wide web, a redes sociales y otras comunidades virtuales, a videos y a canales de comunicación con sonido e imagen como Skype. Para ofrecer estos servicios de manera eficiente, estos proveedores necesitan de una nueva tecnología y muchos de ellos están convencidos de que la tecnología LTE es la solución.


Sabiendo que el futuro está en el acceso a Internet, Microsoft lanzó en abril dos teléfonos celulares especialmente para las redes sociales.

En lo que a las velocidades se refiere, la tecnología LTE permite una especificación de movilidad alta y una baja; la alta ha sido concebida para usuarios que estén viajando en autopistas o vías férreas a velocidades comprendidas entre los 60 y los 250 kilómetros por hora, y necesiten poder transmitir datos a una velocidad de 100 megabits por segundo. La especificación de movilidad baja es ideal para la transferencia de datos a una velocidad de 1 gigabit por segundo desde los hotspots (puntos de acceso inalámbrico a la red en lugares públicos con cobertura Wi-Fi). Todo suena muy bien en la teoría –las velocidades mencionadas son todas hipotéticas–; está por verse qué velocidades ofrecen en realidad los operadores.

Lo que quieren los usuarios

La latencia –la suma de retardos temporales dentro de una red–, un factor que influye sobre la fluidez con que se navega en Internet o se participa en un juego de computadora, también promete distinguir a la nueva tecnología 4G de sus predecesores: los tiempos de latencia de la tecnología HSDPA son actualmente de 65 milisegundos, los de la DSL son de 20 milisegundos y los de la LTE aspiran ser de apenas 10 milisegundos. Pero algunos sostienen que, a pesar de los adelantos técnicos que ofrece la tecnología 4G, a la LTE le espera la misma suerte de la UMTS si no seduce a los potenciales usuarios con “algo especial”, como el video; los críticos de la UMTS están convencidos de que la falta de una “aplicación estrella” es una de las razones principales por las que esa tecnología nunca satisfizo sus propias expectativas en el mercado.

Otros desestiman ese argumento diciendo que la 4G ofrece suficientes ventajas como para necesitar una “aplicación estrella”. En casa, en la calle y en el trabajo, la gente quiere usar sus aparatos portátiles para acceder a los mismos servicios de los que disfrutan cuando está sentada frente a sus ordenadores personales. El iPhone de Apple ha demostrado que un mecanismo fácil de usar y apto para conectarse a la red puede aumentar la demanda de servicios de Internet móviles; también ha dejado claro que los operadores necesitan un gran espectro y una nueva tecnología para poder proveer tan codiciados servicios.

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